“Esa libertad que no se hereda, objeto de codicia y sin embargo una, esa precisamente ha empezado a morirse cuando Adares ha muerto” (Ángel González Quesada)

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Adiós, poeta

(El Adelanto de Salamanca, 5 de febrero de 2001)

Se nos fue el poeta. Se nos marchó en voz baja, sin saberlo, dictándole poemas a la muerte. Se fue sin hacer ruido, transparente, para firmar sus versos en la tierra. Para buscar a Aníbal Nuñez y a su abuela. Para vivir por siempre en su palabra.
Hoy el Corrillo añora sus poemas, sus ojos oxidados de recuerdos, su barba de marino, su sonrisa, su corazón de fruta y agua. Hoy todos le buscamos en su silla, sembrando su saludo en las miradas.

Y hay charcos en la plaza, y no ha llovido. Y los jilgueros cantan siguiriyas. Y sus amigos brindan con sus lágrimas. Se nos marchó el poeta al otro lado, al fondo del poema y del recuerdo, a su pueblo querido de Anaya. Y nos dejó su obra y su memoria. Su eterna juventud. Su fuerza. Su cariño. Y un vacío de piedras en su Plaza.

Se nos fue el amigo que escribió en algún poema que “hay sombras que jamás pueden faltar”
Ojalá que tu sombra y tu presencia no falten nunca en Salamanca.

RAÚL VACAS

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