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Adares

Eh, tú, no desvaríes
esculpiendo versos en la calle,
coloreándolos con el rojo
de tu sangre,

cubriéndolos con el sudario
de tus fabulosos sueños.

Salamanca a la deriva
y tú, firme en tu trono de piedra,
codeándote con voces
extranjeras,

repartiendo esa vida
que el tiempo no ahoga.

Tu carne se hizo sombra;
tus versos, talismanes
donde no naufraga tu cabeza.

Estremecimiento
o desvarío, o reencuentro
en cada eco,

en cada pisada.

Horizonte impar
la Plaza del Corrillo y tú.

Alfredo Pérez Alencart

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